A apenas 220 kilómetros al norte de El Cairo, junto al Mediterráneo, Alejandría es una de las ciudades con mayor carga histórica y romántica del mundo. Fundada por Alejandro Magno en 331 a.C., capital helenística durante siglos, sede de la biblioteca más famosa de la antigüedad, ciudad de Cleopatra, de Marco Antonio y de Julio César, de filósofos y matemáticos que cambiaron para siempre la historia del pensamiento humano… Alejandría es mucho más que una excursión de un día; es un viaje en el tiempo que complementa perfectamente la visita a El Cairo.
Historia de Alejandría
Alejandro Magno eligió personalmente el emplazamiento de la ciudad en el año 331 a.C., en un punto estratégico entre el lago Mareotis y el Mediterráneo. Aunque el propio Alejandro nunca llegó a ver la ciudad terminada —murió en Babilonia en 323 a.C. antes de regresar a Egipto— sus sucesores, la dinastía Ptolemaica, convirtieron Alejandría en la capital cultural e intelectual del mundo antiguo.
En su apogeo, Alejandría era la ciudad más grande del mundo mediterráneo, con más de un millón de habitantes de decenas de orígenes étnicos: griegos, egipcios, judíos, persas, sirios. En sus calles convivían el paganismo griego, el judaísmo y, más tarde, el cristianismo primitivo. Su Faro —una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo, con más de 130 metros de altura— guiaba a los barcos desde tierra firme con el fuego que ardía en su cúspide. Y su Gran Biblioteca albergaba, según los relatos clásicos, entre 500.000 y 700.000 rollos de papiro con todo el conocimiento del mundo conocido.
La Biblioteca Alejandrina moderna
Inaugurada en 2002, la Biblioteca Alejandrina (Bibliotheca Alexandrina) es el intento más ambicioso de la humanidad por resucitar el espíritu de la institución antigua. El edificio, diseñado por el estudio noruego Snøhetta, es una obra maestra de la arquitectura contemporánea: un cilindro inclinado de granito gris con la fachada grabada con caracteres de todos los alfabetos del mundo, emergiendo del Mediterráneo como si fuera un disco solar a punto de salir del agua.
Con capacidad para 8 millones de volúmenes, varios museos integrados —incluyendo el Museo de Antigüedades, el Museo de Manuscritos y un Planetario— y una sala de lectura de 70.000 metros cuadrados iluminada por una techumbre de vidrio, la biblioteca es tanto un centro de investigación activo como una atracción cultural de primer nivel. La visita, aunque el acceso a las salas de lectura está restringido a investigadores, vale la pena ya solo por el impacto arquitectónico del edificio.
Las Catacumbas de Kom el-Shoqafa
Las Catacumbas de Kom el-Shoqafa son uno de los monumentos más extraordinarios y menos conocidos de Egipto. Excavadas en el siglo I d.C. y utilizadas hasta el siglo IV, son el mayor sitio funerario romano de Egipto y un ejemplo fascinante de la mezcla cultural que definió Alejandría: los relieves de sus paredes mezclan con absoluta naturalidad la iconografía egipcia del Antiguo Egipto (la diosa Isis, el dios Anubis, el toro Apis) con motivos decorativos romanos y griegos, creando un arte sincrético único en el mundo.

Las catacumbas se descubrieron accidentalmente en 1900 cuando un asno cayó por casualidad por la abertura de la entrada principal. Se extienden en tres niveles bajo tierra, el más profundo de los cuales está parcialmente inundado. En su sala principal destaca el Triclinium, una sala de banquetes donde los familiares de los difuntos se reunían para comer en compañía de sus muertos, según la costumbre romana.
La Fortaleza de Qaitbay
En el extremo de la pequeña península que cierra el puerto oriental de Alejandría se alza la Fortaleza de Qaitbay, construida en 1477 por el sultán mameluco del mismo nombre sobre los cimientos del legendario Faro de Alejandría, destruido por los terremotos del siglo XIV. Es irónico pero hermoso: donde una vez ardió la maravilla del mundo antiguo, hoy se levanta una robusta fortaleza medieval de piedra caliza, rodeada de mar por tres lados, que sigue siendo uno de los edificios medievales mejor conservados del Mediterráneo.
Desde sus terrazas, el panorama del Mediterráneo y el puerto de Alejandría es espectacular. Los arqueólogos marinos han encontrado en las aguas circundantes enormes bloques de granito procedentes del Faro original, así como estatuas y columnas del antiguo complejo monumental. Algunas de estas piezas se pueden ver en el Museo Marítimo Nacional, junto a la fortaleza.
Cómo llegar desde El Cairo
La opción más cómoda es el tren: varios servicios de alta velocidad cubren los 220 kilómetros entre las estaciones de Ramsis (El Cairo) y Misr (Alejandría) en aproximadamente dos horas. Los billetes de primera clase cuestan entre 80 y 200 libras egipcias y se pueden comprar en la propia estación o en agencias. Alternativamente, los autobuses de la compañía West Delta salen frecuentemente desde la estación Turgoman de El Cairo y tardan entre dos horas y media y tres horas, con un coste inferior al tren.

