Con su mirada serena dirigida hacia el este, hacia el sol naciente, la Gran Esfinge de Giza lleva más de 4.500 años custodiando las pirámides y guardando entre sus patas de piedra caliza algunos de los secretos más fascinantes de la antigüedad. Es la escultura monolítica más grande del mundo, un símbolo que trasciende la arqueología para convertirse en icono universal de la civilización humana. Y sin embargo, siguen siendo más las preguntas que nos formula que las respuestas que nos ofrece.
Una obra sin parangón en la historia antigua
La Gran Esfinge mide 73 metros de longitud, 19 metros de ancho y 20 metros de altura. Fue tallada directamente en el afloramiento rocoso de la meseta de Giza durante el reinado del faraón Kefrén (aproximadamente 2558-2532 a.C.), aunque algunos investigadores defienden que la escultura es aún más antigua. El cuerpo, con forma de león echado, simboliza el poder y la realeza, mientras que la cabeza humana —casi con toda probabilidad el rostro del propio Kefrén— representa la inteligencia divina del faraón.
Para hacerse una idea del esfuerzo que supuso su construcción, hay que saber que los artesanos del Antiguo Egipto trabajaron con herramientas de cobre y piedra, sin ningún tipo de maquinaria. El bloque de roca del que emerge la Esfinge tenía tal tamaño que, una vez terminada la escultura, sobraron enormes bloques laterales que fueron utilizados para construir los templos adyacentes. La roca es caliza, más blanda en las capas inferiores (lo que explica la erosión diferencial que se aprecia en el cuerpo) y más dura en la cabeza, que ha resistido mejor el paso del tiempo.
El misterio de la nariz desaparecida
Una de las preguntas que todo visitante se hace al contemplar la Esfinge es: ¿qué le ocurrió a la nariz? La leyenda más extendida —y completamente falsa— atribuye su destrucción a los cañonazos de las tropas de Napoleón durante la campaña de Egipto en 1798. Sin embargo, los dibujos y grabados anteriores a esa fecha ya muestran a la Esfinge sin nariz, y los escritos del historiador árabe Al-Maqrizi del siglo XV describen cómo un hombre llamado Muhammad Sa’im al-Dahr la destruyó intencionadamente en 1378 d.C., indignado porque los campesinos locales le rendían culto como si fuera un ídolo.
Los arqueólogos han encontrado restos del cincel utilizado para arrancar la nariz, lo que confirma que fue una destrucción deliberada y no el resultado de la erosión natural. En cuanto a la barba —cuya versión fragmentada se conserva en el Museo Británico de Londres y en el Museo Egipcio de El Cairo—, probablemente fue añadida siglos después de la construcción original.
La Estela del Sueño de Tutmosis IV
Entre las patas delanteras de la Esfinge se conserva una gran estela de granito conocida como la Estela del Sueño, colocada alrededor del año 1401 a.C. por orden del faraón Tutmosis IV. El texto grabado en ella narra un sueño que el príncipe Tutmosis tuvo mientras descansaba a la sombra de la Esfinge durante una cacería: la deidad de la Esfinge —identificada con el dios sol Horemakhet— se le apareció y le prometió que si liberaba la escultura de la arena que la sepultaba hasta el cuello, lo convertiría en faraón de Egipto.
Tutmosis cumplió su promesa, mandó desenterrar la Esfinge y construyó el templo que hoy se puede visitar entre las patas de la escultura. La historia no solo confirma que ya en el Nuevo Imperio la Esfinge era objeto de veneración religiosa, sino que también demuestra que la arena siempre ha sido su principal enemiga: a lo largo de los siglos, ha sido enterrada y desenterrada en múltiples ocasiones.

Restauraciones y controversias modernas
El siglo XX trajo consigo ambiciosos proyectos de restauración que han sido fuente de polémica entre los arqueólogos. En los años ochenta y noventa se añadieron capas de piedra caliza nueva para frenar la erosión, pero algunos de estos bloques no estaban bien alineados con la roca original, lo que aceleró el deterioro en lugar de frenarlo. Las autoridades egipcias han tenido que retirar partes de estas restauraciones y comenzar de nuevo con técnicas más respetuosas.
La erosión por el viento, la humedad, la contaminación del aire de El Cairo y la propia presión turística siguen siendo amenazas reales. El Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto mantiene un programa continuo de monitorización y conservación, y se están desarrollando nuevas tecnologías de escaneado 3D para documentar con precisión el estado actual de la escultura y planificar futuras intervenciones.
Teorías alternativas y misterios sin resolver
La Esfinge ha sido protagonista de algunas de las teorías más imaginativas —y controvertidas— de la arqueología alternativa. El geólogo Robert Schoch argumentó en los años noventa que los patrones de erosión del cuerpo sugieren que la Esfinge es mucho más antigua de lo que la arqueología oficial establece —quizás 10.000 años— y que pudo haber sido construida por una civilización anterior al Antiguo Egipto conocido. La mayor parte de los arqueólogos rechaza esta hipótesis, aunque el debate ha servido para profundizar en el estudio de la geología de la meseta de Giza.
Igualmente fascinante es la leyenda de la Sala del Registro, una cámara subterránea supuestamente ubicada bajo la Esfinge donde estaría guardada la historia completa de la civilización perdida de la Atlántida. Exploraciones mediante radar de penetración terrestre han detectado anomalías bajo la Esfinge, pero ninguna excavación ha confirmado la existencia de cámaras secretas accesibles.
Cómo visitar la Esfinge
La Gran Esfinge se visita dentro del complejo arqueológico de Giza, cuya entrada incluye también las pirámides. El acceso al templo que rodea la Esfinge está incluido en la entrada general (200 libras egipcias), aunque en determinadas épocas del año puede haber restricciones de acceso a ciertas zonas por trabajos de conservación.
El mejor momento para contemplar la Esfinge es al amanecer, cuando la luz rasante del sol la ilumina de perfil y la mayoría de los turistas aún no han llegado. El espectáculo de luz y sonido que se celebra por las noches —con la Esfinge como protagonista y narrador de su propia historia— es una experiencia kitsch pero emotiva que merece la pena si es tu primera visita.
- Llega antes de las 8:00 para fotografiarla sin aglomeraciones.
- La zona del templo de la Esfinge (Valley Temple) es uno de los mejores puntos de vista.
- Evita acercarte a los vendedores que ofrecen «acceso especial» a zonas restringidas: es un timo.
- Combina la visita con las pirámides y el Gran Museo Egipcio en el mismo día.

